La táctica principal de los elefantes de guerra era la carga o embestida frontal, normalmente desde una posición frontal. Es el uso de toda su fuerza de choque. El avance de los elefantes, que pueden alcanzar los 30 km por hora, causaba terror a los enemigos. Ya en campo enemigo al revolverse o pisotear, o clavar sus colmillos podían acabar con muchos soldados. Podían arrollar varias lineas de infantería y de caballería y romper completamente una formación cerrada. Es más, el olor de los elefantes hacia entrar en pánico a la caballos. Al mismo tiempo, su presencia estática a primera linea, como si fuera una muralla viviente, evitaba una carga frontal enemiga. El poder de los elefantes era mejorado cubriéndolos con una coraza, y añadiendo armas afiladas a sus trompas.
Los ejércitos aprendieron a ingeniar estrategias antielefantes, mejorar su movilidad y disciplina para evitar cargas frontales; o cubrir el campo de batalla con grandes clavos, lanzar cerdos llameantes para asustar a los propios elefantes (asedio de Megara durante la guerra de los Diádocos), o atacar con flechas y javalinas las partes más vulnerables del animal
PRIMEROS USOS. INDIA, CHINA Y PERSIA
Si bien la primera domesticación de elefantes pudo haberse iniciado durante la Civilización del Valle del Indo (2500-1900 aC), hay constancia del uso de elefantes de guerra desde alrededor del año 1100-1000 antes de nuestra era, cuando fue utilizado por algunos reinos indios y fue adiestrado por la Dinastía Shang de China. Los especie utilizada era el elefante asiático (Elephas Máximus). Este uso se extendió por todo Oriente, aunque la caza y deforestación provocaron un importante declive de las poblaciones de elefantes en Mesopotamia y en la región del río Amarillo en China.

En China, los elefantes fueron utilizados de forma puntual en tareas militares concretas, como en 506 aC cuando el estado de Chu envió contra Wu elefantes con torchas de fuego para causar el pánico en el enemigo. El intento no funcionó.
De India pasó a Persia, donde fue ampliamente utilizado en las campañas militares. El primer choque entre europeos y elefantes de guerra ocurrió durante la batalla de Gaugamela (331 aC). Quince elefantes de guerra estaban situados en el centro de las tropas persas. Causaron una fuerte impresión a Alejandro Magno, el cual apostaría por incorporarlos en su ejército. Tiempo después, en los límites de la India, en el río Hidaspes, Alejandro se enfrentaría al rey Porus, el cual contaba con entre 80 y 100 elefantes. El pánico entró en las filas griegas, los elefantes, con sus embestidas y armas punzantes, causaron graves daños a las tropas de Alejandro; hasta que estos empezaron a lanzar jabalinas en las patas y partes vulnerables de los elefantes, y estos se descontrolaron, dañando su propio ejército. Se dice que la presencia de enormes ejércitos de elefantes fue una de las causas por las que Alejandro decidió no avanzar más hacia el este. Era conocedor de que algunos reinos de la India, como el de Nanda, contaban con más de 3000 elefantes entre sus tropas.
Los sucesores de Alejandro, los diádocos, adoptaron los elefantes de guerra. Los ptolemaicos entrenaron pequeños contingentes de elefantes indios y crearon un cargo oficial al respecto, el Elephantarchos. Es destacable el notable uso, y con bastante éxito, del Imperio Seléucida. Los seléucidas incorporaron en sus filas tanto elefantes indios (Elephas maximus indicus) como elefantes sirios (Elephas maximus asurus), una subespecie considerada la más grande de los elefantes asiáticos (superaba los 3 metros y medio de altura hasta los hombros) y muy costoso de domesticar. Se extinguió hacia el 100 a.C a causa de la caza y explotación para obtener su marfil.
EL MEDITERRÁNEO
El uso de elefantes de guerra se extendió por toda la zona mediterránea y norteafricana. El reino de Numidia, el Egipto Ptolemaico, kushitas y nubios, y el más conocido de todos: Cartago

.
En estos casos se trataba de especies más pequeñas, probablemente el elefante norteafricano (Loxodonta africana pharaonensis) o quizás su pariente el elefante de selva (Loxodonta Cyclotis). Los elefantes cartagineses fueron una subespecie de tamaño modesto del elefante de sabana que hoy conocemos, el mayor animal terrestre de la tierra. Eran mucho más pequeños que los indios, con una altura de unos 2,5 metros hasta los hombros y habitaban todo el norte de África, desde Mauritania hasta Sudán y Eritrea. Estos animales fueron tristemente sobreexplotados para los espectáculos de fieras del circo romano (Venatio), quedando al borde de la extinción, aunque algunos ejemplares en Sudán pudieron haber sobrevivido hasta mediados del siglo XIX. Es posible que alguna tribu africana de más al sur intentara domesticar los grandes elefantes de sabana (Loxodonta africana oxyotis), probablemente con poco éxito. En ningún caso fue esta la especie utilizada en las batallas de la antigüedad.
Pirro de Epiro fue el primer rey en utilizar elefantes de guerra en Europa, se cree que entre 20 y 40 en sus campañas itálicas. En la batalla de Heraclea (280 aC) su uso fue un éxito, cogiendo desprevenidos a los romanos; En Asculum (280 ) los romanos utilizaron con efectividad varias tácticas antielefantes. Con numerosas bajas en ambos bandos, la victoria de Pirro fue ínfima, una victoria pírrica.
CARTAGO
Cartago, una potencia en clara expansión integró en sus ejércitos un contingente muy importante de elefantes de guerra. Como ya habían hecho los seléucidas, se incorporó a los elefantes una Torreta o Howdah y se practicó con largos años de entrenamiento y táctica militar. Si bien fueron utilizados en la primera guerra púnica, fue en la segunda cuando los elefantes de Aníbal cogieron una fama legendaria.
En el 220 aC se produjo un enfrentamiento entre los cartagineses y los carpetanos en el río Tajo (quizás Guadalajara) y hay constancia de la presencia de elefantes. En aquel momento Aníbal contaba con 40. Tras el asedio de Sagunto, Aníbal inició una larga marcha para invadir Italia, en una de las travesías más épicas y brillantes de la historia militar, un peligroso periplo a través de los Pirineos y los Alpes, sometiendo a las tribus que iba encontrando y buscando un paso seguro para sus tropas. Entre todos sus elefantes el más famoso fue Suru, el elefante que montaba, el animal más fuerte y alto, y tal como indicaba su nombre se trataba de la subespecie siria. Durante el camino perecieron muchos paquidermos, a causa de las propias batallas, enfermedades y mal nutrición y una temperatura muy baja en el duro invierno. La batalla de Trebia (218 aC) fue un éxito; los elefantes, entre ellos Suru, causaron el pánico entre galos y romanos. Quedaron pocos elefantes con vida tras esta batalla. La segunda guerra púnica dio un giro y en la decisiva batalla de Zama (202 aC), donde el general cartaginés contaba con 80 elefantes de guerra , la disciplina de los legionarios romanos funcionó a la perfección, esquivando la brutal carga de la caballería de elefantes.
En los tiempos posteriores, los romanos también utilizarian los elefantes de guerra, especialmente en su campaña de Macedonia y Grecia (199 aC) y de forma más simbólica en sus campañas contra los celtíberos o en Britania. Pero la guerra de guerrillas no era el contexto adecuado para la estrategia de una carga pesada. El último gran uso de elefantes en las guerras mediterráneas fue en Tapsus ( Túnez, 49 aC) durante la guerra civil romana, donde el veterano Julio César derrotó a los optimates y sus aliados númidas, destrozando las líneas de elefantes de guerra (unos 80). César mandó a sus tropas cortar con hachas las patas de los paquidermos, acabando los arqueros con la vida de los descontrolados animales.
Si bien Carlomagno poseía un elefante que había sido entregado por los abasíes como regalo, Abul-Abbas, este no fue destinado a la guerra. Uno de los pocas excepciones en Europa fue el uso de un elefante de guerra en las cruzadas por parte de Federico II Hofenshausten durante la toma de Cremona (1214).
ORIENTE MEDIO
Una civilización con un amplio uso de los elefantes fue la persa. Si los aqueménidas fueron pioneros en este sentido, en época parta su uso se constata de forma muy minoritaria. Fue durante la dinastía sasánida cuando el uso de tropas de elefantes acorazadas alcanza su esplendor, aunque su numero es menor al de los ejércitos indios. Los sasánidas usaron los imponentes animales en sus campañas contra Armenia (Siglo V) y durante las invasones islámicas (VII), no solo para ataques como caballería pesada sino para los asedios, donde los arqueros montados podían disparar desde las torretas.
El uso de elefantes de guerra en Asia Central y Mesopotamia continuó de forma más reducida. Cuenta la leyenda que en el año 570, el rey cristiano Abraha del antiguo reino de Himyar, bajo control de los etíopes aksumitas, atacó la ciudad árabe de la Meca con la intención de destruir la Ka’bah. Lideraban sus tropas entre uno y ocho elefantes; Mahmud, el elefante que iba a la cabeza se detuvo justo al llegar a las puertas de la Meca y rechazó entrar. Esto se percibió como un mal augurio. El año 570 es conocido como el año del elefante y es el del nacimiento del profeta Mahoma. El caudillo turco-mongol Tamerlán llevó consigo elefantes de guerra (que había capturado tras su brillante victoria en Delhi) en sus campañas en Mesopotamia y Anatolia (Batalla de Ankara, 1402).
ASIA ORIENTAL
En India, imperios como Kushan, los Gupta, Harsha, Chalukya y Chola tenían amplios contingentes de elefantes y arqueros en elefantes. Se cuenta que el imperio Pala (siglos VIII-XIII) tenía un impresionante contingente de elefantes, que quizás podría haber superado los 10.000 animales.
El uso del elefante fue extensivo por muchos reinos asiaticos medievales; el imperio Khmer utilizó grandes ballestas montadas en elefantes; los mongoles se enfrentaron en repetidas ocasiones a los elefantes: contra el imperio de Corasmia en Asia Central y en Birmania contra el reino de Pagan; sus catapultas, mangonels, y la lluvia de flechas de sus arcos arcos compuestos fueron muy eficaces contra los ejércitos de elefantes.
En los imperios del sudeste asiático, como Srivijaya, Champa, Pagan, Burma o Ayutthaya su uso fue muy generalizado hasta tiempo modernos y se realizaron duelos a muerte entre reyes a lomos de elefante con largas armas de asta como el ngaw.

Las armas de fuego, con mosqueteros o arcabuceros montados, fueron incorporadas entre las tropas de elefantes y en algunos casos también pequeños cañones, como en el poderoso imperio Mughal de la India. Hay extraordinarias armaduras indias de elefante y Mahout datadas de este periodo. El emperador Jahangir (1605-1627) tuvo la enorme cifra de más de 12.000 elefantes de guerra y quizás 100.000 más en sus establos.
Pero pronto los cañones y la artillería encontraron en los elefantes un blanco fácil, y aquí empezaría su declive definitivo. En la batalla de Karnal (1739), la artillería del persa Nader Sah fue letal para los 2000 elefantes de guerra mogholes.
LEGADO
El valor militar de los elefantes ha sido ampliamente debatido; sin duda tenía grandes ventajas, podemos decir que fue el tanque de la antigüedad. Su tamaño y su gruesa piel los hacía difíciles de matar. Sin embargo también tenían muchos inconvenientes. Era una apuesta arriesgada y a pesar de largos años de entrenamiento, era fácil que los animales, de naturaleza asustadiza, entraran en pánico y perdieran el control, por lo que podían dañar severamente a sus propias unidades. Con el tiempo las tropas enemigas aprendieron a contrarrestar el poder de los elefantes. Las batallas en que los elefantes fueron decisivos para la victoria son menores respecto a las que fueron un elemento perjudicial para sus propios dueños.

Comentarios
Publicar un comentario